Seguramente ya tienes un despacho al que llamas cuando surge un problema, o un abogado de confianza que revisa los contratos importantes. Y durante mucho tiempo eso es más que suficiente. Pero llega un momento en que esa relación, por buena que sea, empieza a quedarse corta. Antes de hablar de cuándo conviene sumar un Director Jurídico a tu equipo, vale la pena detenerse en algo que casi nadie explica bien: la diferencia real entre esa figura y el asesor externo.
El asesor externo: perfecto mientras tu empresa es pequeña
No hay nada que reprocharle al despacho por honorarios. Es la opción lógica cuando estás empezando o cuando tu empresa todavía es pequeña: pagas por lo que necesitas, cuando lo necesitas, y además te llevas una mirada independiente, sin el sesgo de quien vive dentro de la compañía.
El problema aparece cuando el negocio crece. Un asesor externo, por bueno que sea, no conoce tu día a día. No está en la sala cuando se toma una decisión importante. No puede levantar la mano a tiempo porque, sencillamente, no estaba ahí. Y cuando lo llamas, suele ser ya tarde: el problema existe, y ahora toca resolverlo en lugar de haberlo evitado.
El Director Jurídico interno: alguien que vive tu empresa, no que la visita
Un Director Jurídico —incluso en modalidad externalizada o "virtual"— cambia esa ecuación por completo. No espera a que lo llames: está presente en las conversaciones donde se gestan las decisiones, mucho antes de que esas decisiones se conviertan en un problema legal. Conoce los números, conoce al equipo, conoce las prioridades del negocio. Y eso le permite actuar como un filtro de riesgo constante, no como el bombero que llega cuando ya hay incendio.
No es casualidad que, en los últimos años, casi tres de cada cuatro directores jurídicos formen parte activa del comité de dirección de sus empresas. Ese dato dice mucho: el Derecho dejó de ser esa función de apoyo a la que se recurre cuando algo sale mal, y pasó a formar parte de cómo se piensa el negocio desde el principio.
¿Y tú, en qué momento estás?
Si todavía puedes resolver todo con una llamada puntual a tu abogado, es probable que aún no lo necesites. Pero si notas que los temas legales llegan siempre tarde, que las decisiones importantes se toman sin nadie que anticipe los riesgos, o que tu empresa ya es demasiado grande para funcionar "a demanda"... ahí es justo donde empieza a tener sentido hablar de un Director Jurídico.
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